Cada junio me pasaba lo mismo: llegaba el momento de escribir la memoria y acababa rebuscando en el móvil fotos de octubre de las que ya no recordaba ni el grupo. El proyecto había funcionado, pero yo no tenía manera de demostrarlo ni de recordarlo con precisión.
El portfolio del proyecto nació de ese apuro. No es el portfolio del alumnado, sino el del propio proyecto: la carpeta donde vive lo que hacemos, para poder mirarlo con distancia y mejorarlo al curso siguiente.
🗃️ Qué guarda y qué no
La tentación es guardarlo todo, que es la forma más segura de no usarlo nunca. Mi criterio es conservar solo lo que responde a una de estas dos preguntas: qué hicimos y qué aprendimos al hacerlo.
Fuera quedan las doscientas fotos casi iguales, los carteles sin fecha y los documentos que nadie va a volver a abrir. Un portfolio útil es delgado.
El primer año guardé una carpeta enorme de imágenes de las sesiones y ni una sola nota sobre cómo habían ido. Cuando quise contar en el claustro qué habíamos hecho, tenía material de sobra para un vídeo bonito y nada que sostuviera una decisión.
📁 Cinco carpetas y ninguna más
- Planificación. La página del proyecto en la programación general anual y el calendario real de sesiones, con lo que se cayó tachado a mano.
- Sesiones. Una ficha muy breve por secuencia: objetivo, material y cómo salió.
- Producciones del alumnado. Muestras seleccionadas, no todas: dos o tres por grupo y trimestre.
- Difusión. Jornada abierta, actividades con familias, colaboraciones con otros centros.
- Revisión. Notas en caliente, incidencias y cosas que no funcionaron.
La quinta carpeta es la que más cuesta alimentar y la única imprescindible.
⏱️ La rutina de los diez minutos
Documentar en junio es imposible. Documentar sobre la marcha es fácil si tiene un hueco fijo. El mío es el viernes, nada más terminar la sesión: diez minutos, tres líneas escritas y, como mucho, dos fotos.
Las tres líneas responden siempre a lo mismo: qué hicimos, qué me sorprendió y qué cambiaría. Con eso, la memoria de junio se escribe casi sola. Para que el hueco no se lo coma otra tarea, tengo tres avisos escritos en la propia caja de los tableros:
- Si no hay nada que contar, se escribe igual: «sesión sin novedad» también es información.
- Si algo sale mal, se anota ese mismo día. Al lunes siguiente ya lo hemos suavizado en la cabeza.
- Si una idea funciona, se apunta con el material exacto que se usó. El detalle es lo que permite repetirla.
🔒 Imágenes, nombres y cuidado
Un portfolio con alumnado dentro exige prudencia. Estas son mis reglas fijas:
- Comprobar las autorizaciones de imagen antes de guardar nada, no antes de publicarlo.
- Priorizar fotos de manos, tableros y producciones frente a fotos de caras.
- No usar nombres completos en ningún archivo ni en ningún pie de foto.
- Guardarlo en el espacio compartido del centro y no en mi dispositivo personal.
👥 Para quién es en realidad
Al principio pensaba que el portfolio era para la Administración. Me equivocaba. Sirve, por este orden, para quien coja el proyecto el curso que viene, para el claustro cuando haya que decidir si continúa, para las familias que quieren entender qué hacemos y, en último lugar, para cualquier trámite.
Cuando lo pienso así cambia lo que guardo: menos vitrina y más manual de instrucciones.
🎯 Para empezar el lunes
Crea las cinco carpetas y escribe hoy mismo las tres líneas de la última sesión que diste. El portfolio empieza por la carpeta de lo que no funcionó.
Lo que no se documenta se repite igual el año que viene.
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