Esta es la entrada número cincuenta. Cuando publiqué la primera no tenía ningún plan editorial: escribía para ordenar lo que hacía en clase y para no repetir dos veces el mismo error sin enterarme. Un curso después, el blog se ha convertido en la memoria del proyecto, que es un papel que no le había asignado.
Toca balance y me interesa que sea honesto. Así que va con las tres partes que de verdad importan: lo aprendido, lo que cambiaría y lo que sigue sin resolverse.
✍️ Lo que me ha enseñado escribir
No esperaba esto. Escribir me ha obligado a comprobar. Varias veces me senté a redactar una entrada convencido de una idea, fui a buscar en qué me apoyaba y descubrí que me apoyaba solo en la costumbre. Esas entradas cambiaron de arriba abajo antes de publicarse.
La consecuencia práctica es que hablo del proyecto con menos adjetivos que hace un año. Y funciona mejor: cuando cuentas lo que haces sin inflarlo, la gente se acerca a preguntar en lugar de a discutir.
✅ Lo que sí ha funcionado
- La franja fija. Poco tiempo, pero protegido en el horario. Es la decisión con más efecto de todas las que hemos tomado.
- Las normas escritas por el alumnado. Se cumplen mucho más que las que colgaba yo con buena letra.
- Sustituir pruebas por evidencias breves. Una foto, una frase, un registro de observación. Más información y menos papel.
- Repartir responsables por nivel. El proyecto dejó de depender de una sola persona, que era su mayor debilidad.
馃攣 Lo que cambiaría si empezara hoy
Cuatro cosas, y las cuatro me costaron tiempo de aprender:
- Empezaría por el equipo, no por el material. Compré tableros antes de tener claro quién iba a usarlos y para qué.
- Tardaría mucho más en montar el primer torneo. La competición temprana enganchó a los que ya jugaban y desanimó a los demás.
- No prometería beneficios cognitivos. Los prometí al principio con toda mi buena fe, y la investigación sobre transferencia es bastante más prudente que yo.
- Documentaría desde el primer día. Del primer curso apenas conservo nada: ni fotos ordenadas, ni sesiones escritas, ni registros de observación.
⚠️ Lo que sigue sin resolverse
Sería fácil terminar con un cierre redondo. No lo tengo. Estas cuatro cosas siguen abiertas:
- El tiempo. El horario no da más de sí y todo lo que entra desplaza a otra cosa.
- La continuidad. Cada cambio de claustro es un examen para el proyecto, y no siempre lo aprueba.
- El alumnado que no engancha. Hay niños a los que el tablero no les dice nada. No he encontrado la manera, y tampoco creo que forzarla sea la respuesta.
- La evaluación. Tengo instrumentos que me sirven, pero no un sistema del que esté del todo satisfecho.
馃尡 Lo que viene
Sin promesas grandes, tres intenciones para el curso que empieza:
- Trabajar la transferencia explícita: nombrar en voz alta las estrategias del tablero cuando reaparecen en otras áreas, en vez de esperar que ocurra sola.
- Publicar menos y más despacio, con sesiones reales documentadas de principio a fin, con sus fallos incluidos.
- Compartir el material con otros centros y, sobre todo, pedirles el suyo. Se aprende más viendo trabajar a otros que explicando lo propio.
馃搶 Para llevarse
Si estás empezando un proyecto parecido, el consejo que más me habría servido a mí es este: escribe lo que haces aunque no lo lea nadie. Un cuaderno basta. Dentro de un año esas notas serán lo único capaz de decirte si has mejorado o solo has estado muy ocupado.
Cincuenta entradas después, lo importante sigue pasando en el tablero.
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