Septiembre tiene un efecto raro: por bien que terminara junio, uno vuelve con la sensación de que hay que montarlo todo otra vez. Y no es verdad. El primer curso de AjeBótica sí se construyó de cero; este no. Lo que hay ahora es un proyecto con un año de rodaje, con acuerdos escritos, con material comprado y con gente que ya sabe lo que tiene que hacer.
El riesgo de septiembre no es la falta de ideas: es gastar las primeras semanas reinventando lo que ya funcionaba. Así que esta entrada no es una hoja de ruta para empezar, sino para recoger: qué doy por hecho, qué decido en los primeros quince días y qué me propongo probar.
🗂️ Lo que ya está hecho y no toco
Antes de planificar nada hago una lista de lo que sobrevivió al curso pasado. Es un ejercicio de diez minutos que ahorra semanas:
- La franja horaria. Está en el horario y se respeta. En septiembre no se renegocia: se confirma y se sigue.
- Las normas del tablero. Las escribió el alumnado y siguen colgadas. Se repasan el primer día y se añade lo que falte, pero no se reescriben desde cero.
- El material. Los tableros están, las piezas están contadas y los robots cargados. Lo que falte se pide ahora, no en noviembre.
- El registro de observación. El instrumento funciona. Cambiarlo cada curso solo sirve para no poder comparar nada de un año a otro.
Lo que no aparece en esa lista es lo que hay que decidir. Suele ser bastante menos de lo que parecía en agosto.
📅 Las tres decisiones de las dos primeras semanas
Solo tres, y conviene tomarlas antes de que el curso coja velocidad:
- Quién entra este año. Qué niveles, con qué maestro o maestra de referencia y con qué dedicación real. Por escrito y con nombres, no de palabra en un pasillo.
- Qué se queda fuera. Es la decisión que más cuesta y la que más protege el proyecto. Si entra algo nuevo, sale otra cosa; decir cuál es parte del acuerdo.
- Cuándo se revisa. Una fecha cerrada a finales de noviembre para mirar lo que se está haciendo. Sin fecha en el calendario, la revisión no ocurre.
🤝 Repartir antes de que haga falta
El curso pasado aprendí que la mayor debilidad del proyecto no era el tiempo ni el material: era depender de una sola persona. Este año el reparto se hace en septiembre, no el día que alguien se pone enfermo.
En la práctica significa que cada nivel tiene un responsable, que hay una carpeta compartida donde está todo y que cualquiera puede coger una sesión y darla sin llamarme. Mientras eso no se cumpla, el proyecto todavía no es del centro: es mío.
🧪 Lo que voy a probar: decirlo en voz alta
Terminé el curso pasado con una idea concreta: dejar de esperar que la transferencia ocurra sola. Si el alumnado usa en el tablero una estrategia que también sirve en Matemáticas o en un conflicto del patio, hay que nombrarla en el momento en que reaparece.
No necesita material nuevo ni tiempo extra. Necesita acordar tres o cuatro expresiones y usarlas en las dos situaciones: «antes de mover, mira qué te van a contestar», «esa jugada tiene consecuencias», «has decidido con la información que tenías». Lo pruebo en dos grupos y lo cuento aquí, funcione o no.
🚧 Lo que no voy a prometer
Ni mejora del rendimiento, ni de la atención, ni del comportamiento. No porque no pase nada, sino porque prometerlo me obliga después a demostrar cosas que no puedo demostrar, y desvía la conversación de lo que sí sostengo: que el alumnado aprende a decidir, a esperar su turno y a explicar por qué hizo lo que hizo.
Un proyecto que promete poco y lo cumple aguanta muchos más cambios de claustro que uno que promete mucho.
🎯 Para empezar el lunes
Coge un folio y haz dos columnas: lo que continúa y lo que decido. No pases de diez líneas en total. Si la segunda columna te sale más larga que la primera, probablemente estés reconstruyendo un proyecto que ya existía.
Empezar el curso no es volver a empezar: es reconocer lo que ya está en marcha y decidir lo poco que falta.
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