Las memorias finales tienen un problema conocido: se escriben en la última semana, con prisa, y acaban llenas de frases como «la valoración del proyecto es muy positiva». Yo he escrito esa frase varias veces y sé perfectamente que no informa de nada.
Este curso he intentado hacerlo de otra manera. La pregunta que ordena la memoria del proyecto ya no es «¿cómo ha ido?», sino qué decisión voy a tomar con este dato. Si un indicador no cambia ninguna decisión, sobra.
🧮 Indicadores que parecen buenos y no lo son
Empiezo por los que he tenido que descartar, entre otras cosas porque los usé durante años:
- Número de partidas jugadas. Queda muy bien en un cuadro y no dice nada sobre lo que ha aprendido nadie.
- Grado de satisfacción del alumnado. Casi siempre alto y casi siempre inútil: les gusta cualquier cosa que no sea el libro.
- Número de fotos y publicaciones. Mide difusión, no aprendizaje, y las dos cosas se confunden con facilidad.
- Resultados en competiciones externas. Dependen de demasiadas circunstancias ajenas al aula.
📏 Tres filtros antes de escribir un indicador
Antes de meter cualquier indicador en la memoria le hago tres preguntas:
- ¿Puedo comprobarlo con datos que ya tengo, sin inventarme nada?
- ¿Cambiaría alguna decisión del curso que viene según salga alto o bajo?
- ¿Podría recogerlo cualquier persona del equipo o depende de mi memoria?
El tercero es el más severo. Un indicador que solo yo sé calcular desaparece en cuanto cambio de centro.
🗂️ Los que sí me sirven
Al final me quedo con pocos y muy concretos:
- Continuidad real. Cuántas de las sesiones previstas se han hecho, grupo a grupo. Es el que más problemas destapa.
- Cobertura equitativa. Si hubo grupos que se quedaron fuera y por qué. La razón suele ser organizativa, no pedagógica.
- Autonomía del alumnado. Si montan y recogen el material sin que haya que dirigirlos paso a paso.
- Participación de las familias en las actividades abiertas del proyecto.
- Producciones conservadas por grupo en el portfolio del proyecto.
Ninguno de ellos luce especialmente. Todos, en cambio, obligan a hacer algo distinto el curso siguiente, que es para lo que sirve una memoria.
✍️ Cómo se redacta sin autobombo
La memoria no es un folleto. Escribo primero lo que no ha salido, porque es lo que necesita quien lea esto en septiembre, y después lo que sí. Y evito adjetivos que no puedo sostener: si no puedo demostrar que algo fue excelente, cuento qué ocurrió y ya está.
Conviene recordar además que estos documentos no son un asunto personal. La organización de los centros públicos canarios se apoya en el Decreto 81/2010, de 8 de julio y en la Orden de 9 de octubre de 2013 que lo desarrolla, y lo que quede escrito ahí es el material con el que trabajará quien venga detrás.
🧭 De la memoria a la programación siguiente
Una memoria que no termina en propuestas concretas no sirve para nada. Me obligo a un máximo de tres, cada una con responsable y con mes:
- Una propuesta organizativa, del tipo mover la franja horaria de un nivel.
- Una de acompañamiento, del tipo apoyar a quien se incorpora al proyecto.
- Una de material, si ha habido algo que bloqueó sesiones durante el curso.
Más de tres propuestas es una carta a los Reyes. Con tres bien elegidas, en septiembre se sabe por dónde empezar sin releer treinta páginas.
🎯 Para empezar el lunes
Coge la memoria del curso pasado y tacha todo indicador que no cambiara ninguna decisión. Lo que quede es tu memoria de verdad.
Un dato honesto vale más que diez adjetivos.
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