Monté un sistema de puntos en el rincón de ajedrez con todo el entusiasmo del mundo: tabla en la pared, pegatinas de colores y clasificación actualizada cada viernes. Las tres primeras semanas fueron un éxito. A la cuarta empecé a ver cosas que no me gustaron nada.
El alumnado había dejado de elegir rival por ganas y elegía por cálculo: evitaba a quien podía hacerle perder puntos. Y quienes estaban abajo del todo simplemente dejaron de bajar al rincón. No era maldad ni pereza: el sistema hacía justo lo que yo había diseñado sin querer.
🪤 Lo que rompió la clasificación de la pared
Con el tiempo lo tengo bastante claro. Un ranking público y permanente hace tres cosas a la vez, y solo la primera es buena:
- Da información inmediata sobre el progreso, y eso motiva de verdad.
- Coloca la comparación en el centro de la actividad. Quien nunca va a estar arriba se retira, y suele ser precisamente quien más necesitaba jugar.
- Premia el resultado, que depende del rival que te toque, en lugar del proceso, que depende de uno mismo.
Lo retiré a mitad de curso, sin discursos, y pasaron dos cosas. La primera semana hubo preguntas y algo de protesta. La segunda, un par de alumnos que llevaban meses sin acercarse volvieron a coger un tablero. No demuestra nada por sí solo, pero me hizo pensar bastante en qué estaba premiando yo en realidad.
✅ Dónde está la línea
No he tirado los puntos a la basura. Los sigo usando, pero con una condición: que puntúen la conducta que quiero enseñar y no el marcador. Estos funcionan en mi aula:
- Un punto por anotar la partida entera, gane quien gane.
- Un punto por explicar el plan en voz alta antes de mover, en las sesiones en que toca hacerlo.
- Un punto por jugar con alguien con quien no habías jugado nunca.
- Un punto por terminar una partida que llevas perdida.
Fíjate en que cualquiera puede conseguirlos y en que ninguno depende de ganar. Ahí está toda la diferencia.
🔧 Tres reglas de diseño
- Sin clasificación individual pública. Si hay marcador a la vista, que sea colectivo: una meta de grupo que se alcanza entre todos o no se alcanza.
- Con fecha de caducidad. Cada quincena se reinicia. Un sistema que dura nueve meses acaba definiendo la identidad de cada niño dentro del aula, y eso pesa mucho más de lo que imaginamos.
- Retirable sin drama. Si al quitarlo la actividad se viene abajo, es que el juego había dejado de ser el motivo para jugar.
🎲 Qué uso ahora en su lugar
Más que puntos, uso retos con criterio de logro: una tarjeta que dice qué hay que conseguir y cómo sabremos que se ha conseguido. Y roles con función real —arbitrar, analizar la partida de otros, preparar el material—, que dan un lugar en el grupo sin necesidad de ninguna tabla. La diferencia con una insignia decorativa es que el rol implica trabajo y se nota cuando falta quien lo hace.
Los retos, además, se guardan. Cada cual tiene su colección de tarjetas superadas, que es un registro de su propio progreso y no una comparación con el de al lado.
📌 Para llevarse
Hazle a tu sistema de puntos la pregunta de control: si mañana lo retiras sin avisar, ¿seguirían jugando igual? Si la respuesta sincera es que no, el problema no está en el alumnado.
Los puntos son un andamio, nunca el edificio.
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