En Canarias el Carnaval no es un contenido transversal que se pueda programar con calma: es lo que el alumnado lleva en la cabeza durante semanas, y en muchos casos lo que ha ensayado en casa desde noviembre. Puedes pelearte con eso o puedes usarlo. He probado las dos cosas y solo una sale bien.
Lo que no quiero es la versión fácil: disfrazar el aula y llamarlo proyecto. Si el disfraz no explica algo del juego, es una foto bonita y nada más. Estas son las tres propuestas que sí nos han dejado aprendizaje, con el tablero y con el cuerpo.
👗 El disfraz que explica la jugada
El encargo no es «disfrázate de torre». Es este otro: diseña un disfraz que permita adivinar cómo se mueve tu pieza sin decirlo. Cambia por completo la tarea, porque para representar el movimiento hay que entenderlo primero.
Lo que suele salir me parece muy valioso: el alumnado inventa códigos visuales. Líneas rectas y ángulos marcados para la torre, cintas cruzadas en diagonal para el alfil, poca tela y un solo color para el peón, algo que obligue a girar el cuerpo dos veces para el caballo. Antes de fabricar nada, cada equipo defiende su boceto y el resto tiene que acertar de qué pieza se trata. Si no lo aciertan, el diseño vuelve a la mesa.
🥁 La murga del tablero
Escribir una letra de murga es un ejercicio de lengua con reglas duras: métrica, rima, ironía y un tema que sostener. Nosotros añadimos tres condiciones:
- El tema es el error: cómo nos ponemos cuando perdemos una pieza o una partida.
- Tiene que aparecer vocabulario del juego bien usado: jaque, enroque, plan, defensa, tablas.
- No se puede meter con ninguna persona del centro. Con las situaciones sí; con las personas, no.
Se canta en el patio, sobre una base de percusión sencilla y sin escenario. Funciona porque la murga es un género que conocen de casa y no algo que les traigo yo de fuera.
🕺 Piezas vivas, pero con reglas
El tablero pintado en el suelo se llena de gente disfrazada y ahí está el riesgo: que aquello acabe siendo un desfile sin ajedrez. Lo atamos con tres normas:
- Cada persona es una pieza y solo puede desplazarse como esa pieza. Un movimiento equivocado no se castiga: lo corrige el público.
- Se avanza al ritmo de la batucada. Un compás, un movimiento. El pulso obliga a decidir con el tiempo contado.
- Hay dos capitanías que no mueven a nadie: solo pueden hablar. Las piezas deciden si obedecen. Las conversaciones de después dan para media clase.
⚠️ El disfraz que tapa
Cada año hay alumnado que no quiere disfrazarse y las razones nunca son un capricho: incomodidad sensorial con las telas y el ruido, familias que no pueden asumir un gasto más, o simple vergüenza a los diez años. Dos decisiones que tomamos hace tiempo y que no pienso revisar: el material lo prepara el centro con lo que hay y siempre existe un papel sin disfraz —arbitrar, cronometrar, llevar la percusión— con exactamente el mismo valor que los demás.
📌 Para llevarse
Quédate con una sola actividad y hazla en una sesión de plástica: dibujar un disfraz que explique el movimiento de una pieza. Sin telas, sin desfile y sin permisos. Vas a ver enseguida quién ha entendido de verdad cómo se mueve cada pieza.
El Carnaval no interrumpe las clases si lo dejas entrar en el tablero.
0 Comentarios