El 11 de febrero hacemos lo previsible: batas blancas, carteles con mujeres científicas y alguna charla. Está bien y no lo voy a criticar. Lo que me preocupa es el 12 de febrero, cuando entro en el aula de robótica y miro quién tiene el robot en las manos, quién sostiene la tableta y quién apunta en la libreta.
En mi experiencia casi nunca hace falta prohibir nada ni soltar un sermón. Hace falta mirar lo que ya tenemos delante y cambiar dos o tres rutinas de organización que llevamos años arrastrando sin darnos cuenta.
🔍 La auditoría de diez minutos
Antes de preparar nada para el 11F reviso mi propio material. No es agradable, pero es rápido:
- En las fichas y presentaciones que uso, ¿quién aparece jugando y quién aparece mirando?
- En los enunciados de los problemas, ¿quién construye, quién programa y quién decora?
- En el rincón de ajedrez, ¿quién ocupa las mesas cuando entran todos a la vez?
- En la última exposición de trabajos, ¿quién habló delante del grupo?
Hice esa revisión hace unos cursos y encontré cosas que no esperaba en materiales elegidos con cuidado. No es mala intención de nadie: es inercia, y la inercia solo se corrige mirándola.
🔁 Roles con tarjeta y rotación obligatoria
Es la medida que más ha cambiado el aula de robótica y no cuesta un euro. Cuatro tarjetas por equipo, un rol en cada una y rotación en cada sesión, sin excepciones:
- Construcción: monta, desmonta y decide la estructura.
- Programación: teclea. Solo esa persona toca el teclado ese día.
- Portavocía: explica al grupo lo que ha hecho el equipo.
- Crónica: escribe qué falló, qué se probó y qué quedó pendiente.
La primera semana hay quejas. A la tercera ya nadie se acuerda de quién hacía qué al principio. Y aparece un efecto secundario que no buscaba: mejora la calidad del trabajo, porque todo el mundo acaba entendiendo el proyecto completo y no solo su parcela.
🗣️ Frases que se nos escapan
Esta es la parte incómoda, porque la protagonizo yo. «Qué ordenada eres» a ella y «qué bien razonas» a él. «A ver, un chico fuerte que me ayude con la caja». «Que presenten ellas, que se les da mejor». Ninguna es grave por separado; el problema es la suma a lo largo de nueve meses.
Grabarme una sesión y escucharme después fue más útil que muchos cursos. Lo recomiendo, aunque dé vergüenza.
👩🔬 Referentes que no sean un cartel
El mural de mujeres célebres se mira dos días y se despega en marzo. En Primaria funciona mucho mejor lo cercano, lo que se puede preguntar y lo que tiene nombre:
- Invitar a una madre, a una antigua alumna o a una técnica del ayuntamiento que trabaje con máquinas, datos o programación. Media hora y preguntas preparadas por el alumnado.
- Ponerle nombre propio a los robots y a los equipos, elegido después de leer algo sobre esa persona, no antes.
- Buscar el referente en momentos corrientes: quién nos arbitra el torneo, quién arregla el proyector, quién programa el robot del centro. Si solo aparece en fechas señaladas, no es un referente: es una efeméride.
📌 Para llevarse
Si el 11 de febrero solo da para una cosa, que sea implantar la rotación de roles. Un día de carteles cambia poco; una rutina de organización cambia el curso entero.
Cambiar el reparto de las manos cambia el reparto de las ideas.
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