Hay un momento de la sesión de ajedrez que me delata como docente: los cinco minutos siguientes a dar la consigna. Ahí se ve con toda claridad quién ha entendido, quién ha entendido a medias y quién lleva ya un rato mirando por la ventana porque el juego, tal como lo he presentado, no le da entrada.
Durante mucho tiempo pensé que eso se arreglaba después, adaptando sobre la marcha. El marco del Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA) me hizo ver que llegaba tarde: la barrera no estaba en el alumnado, estaba en el diseño de mi sesión.
馃毆 Barreras que no están en quien aprende
Si un niño no sigue la explicación de cómo se mueve el alfil, tengo dos maneras de contarlo. Una: le cuesta atender. Otra: he dado una consigna verbal de dos minutos, sin apoyo visual, con un tablero pequeño y sin posibilidad de manipular nada. La segunda explicación es más incómoda y, casi siempre, más cierta.
El DUA se organiza en tres grandes principios: ofrecer varias formas de representar la información, varias formas de actuar y expresarse y varias formas de implicarse. Los tres se aplican a una sesión de ajedrez sin cambiar prácticamente nada del material.
馃憗️ Varias formas de presentar lo mismo
- La consigna, dicha en voz alta y escrita en una tarjeta grande en el rincón.
- El movimiento de la pieza, mostrado en el tablero mural, dibujado en la pizarra y hecho por un compañero paso a paso.
- Piezas de tamaños distintos disponibles siempre, y tablero de alto contraste para quien lo necesite.
- Un mismo concepto con dos nombres: el técnico y el que use el grupo. Ninguno sustituye al otro.
✋ Varias formas de demostrar que se ha aprendido
Aquí es donde más resistencias me he encontrado en formación, y donde más rápido se ven los resultados. Que alguien sepa cómo funciona la clavada puede demostrarlo jugando, pero también explicándoselo a otro, montando la posición con las piezas, dibujándola o grabando un audio de treinta segundos.
La exigencia es la misma para todos: explicar la idea. Lo que cambia es el canal. Y en cuanto abres canales, aparece alumnado que llevaba dos cursos callado.
Conviene decirlo también al revés, porque se olvida: dar opciones no es rebajar el nivel. El criterio con el que valoro sigue siendo el mismo para toda la clase, esté escrito, dicho o construido con las piezas encima de la mesa.
馃敟 Varias formas de engancharse
- Elección real de reto: dos o tres niveles del mismo problema sobre la mesa, y cada uno coge el suyo.
- Roles con valor: árbitro, cronometrador, narrador de la partida. Nadie está de sobra mientras espera turno.
- Duración ajustable: partidas cortas garantizadas para quien necesita cerrar la tarea, con opción de encadenar más.
- Objetivo visible: saber para qué sirve lo de hoy antes de empezar, no al final.
馃И Cómo compruebo si funciona
No con una encuesta de satisfacción. Con tres preguntas que me hago al salir del aula: ¿quién no ha tocado una pieza hoy?, ¿a quién he tenido que repetirle la consigna más de dos veces?, ¿quién ha terminado antes y se ha quedado esperando? Si el mismo nombre aparece dos semanas seguidas en cualquiera de las tres listas, el problema es de diseño y me toca a mí.
馃幆 Para empezar el lunes
Coge la consigna de tu próxima sesión y ponla también por escrito en una tarjeta grande, con un dibujo. Es la modificación más pequeña posible y es la que más alumnado recupera.
Si la sesión solo funciona para el alumnado medio, la sesión está mal diseñada.
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