👑 Mujeres en el tablero: los referentes que faltan en el aula

El rincón de ajedrez de mi aula estuvo mucho tiempo lleno a la hora del recreo. Un día me senté a mirar de verdad quién estaba allí y me llevé una sorpresa incómoda: había muy pocas niñas, y las que había solían estar mirando, no jugando. Nadie las había echado: se habían ido apartando solas.

Desde entonces trabajo esto de forma explícita, porque he comprobado que la igualdad no aparece por dejar el tablero disponible para todo el mundo. Aparece cuando uno diseña la sesión pensando en quién se está quedando fuera.

Alumnas jugando al ajedrez junto a un panel con referentes femeninas

🔎 Lo que veo cuando miro con atención

No hablo de datos ni de porcentajes, hablo de lo que observo en mis grupos y de lo que me cuentan compañeras y compañeros de otros centros. Se repiten tres patrones:

  • Las niñas abandonan el rincón antes, aunque hayan empezado con el mismo interés.
  • En los grupos mixtos, ellas asumen con más frecuencia el papel de anotar, arbitrar o explicar, y con menos frecuencia el de jugar.
  • Cuando pierden, se retiran del rincón más veces que ellos, que suelen pedir la revancha.

Ninguno de esos patrones tiene que ver con capacidad. Tienen que ver con expectativas, con quién ocupa el espacio y con a quién se ve ocupándolo.

🖼️ Referentes: quién cuelga de la pared

Durante años, el panel del rincón tenía solo posiciones y diagramas. Ahora tiene también caras y nombres, porque nadie elige quedarse en un sitio donde no se ve a nadie parecido a sí misma.

  • Vera Menchik, que compitió contra los mejores jugadores de su tiempo cuando prácticamente ninguna mujer entraba en aquellos torneos.
  • Judit Polgár, que decidió jugar siempre en el circuito abierto, no en el femenino, y se plantó en la élite mundial.
  • Hou Yifan, que ha estado entre las mejores del mundo y además se dedica a la docencia universitaria.

No hago biografías largas ni fichas para memorizar. Cuelgo la foto, cuento una idea de cada una y sigo con la sesión. El efecto no está en la lección: está en verlas ahí todos los días.

Añado un detalle que a mí me costó ver: junto a esos nombres cuelgo también fotos de las alumnas del centro jugando. Una campeona mundial queda muy lejos; la niña de la clase de al lado, no.

🗣️ El lenguaje que uso sin darme cuenta

Este ha sido el cambio más incómodo, porque me señalaba a mí. Decía «los niños que van al torneo», ponía siempre ejemplos con jugadores y felicitaba a las niñas por lo aplicadas y a los niños por lo listos. Cambiarlo no cuesta dinero ni tiempo, solo atención sostenida durante unas semanas hasta que se automatiza. Pedí a una compañera que entrara a observar mi sesión con una única tarea: apuntar a quién nombraba y cómo. Fue el mejor cuarto de hora de formación de aquel curso.

⚖️ Cuatro decisiones de diseño

  • Rotación obligatoria de roles. Todo el mundo juega, todo el mundo arbitra, todo el mundo explica. Sin excepciones ni voluntarios.
  • Emparejamientos que hago yo. La libre elección consolida los grupos de siempre y deja fuera a las mismas.
  • Equipos mixtos obligatorios en el torneo interno, con puntuación conjunta, para que ganar dependa de que juegue todo el equipo.
  • Quien explica la jugada del día alterna. Es un cargo de prestigio en el aula y no puede caer siempre en el mismo perfil.

📌 Para llevarse

Siéntate una sola vez a mirar tu rincón sin intervenir y anota quién juega, quién mira y quién se va. Ese folio te va a decir más de tu aula que cualquier reflexión general sobre coeducación.

Nadie se queda en un sitio donde no se ve a nadie parecido.

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