Julio tiene un momento muy concreto: el día en que cierras el centro, dejas las llaves y por fin te sientas. Y a los dos días, casi siempre, aparece la lista de cursos de verano y con ella la tentación de apuntarse a cuatro cosas a la vez para llegar a septiembre siendo otra persona.
Llevo varios veranos haciendo esto peor y mejor, y he acabado con una idea corta: la formación de julio solo sirve si cabe en un verano de verdad, con descanso incluido. Esta entrada va de cómo elegirla y, sobre todo, de cómo conseguir que llegue al aula.
🌡️ El descanso no es tiempo perdido
Empiezo por lo que menos se dice en los blogs educativos. Un docente agotado en septiembre no rinde más por haber hecho tres cursos en agosto. Mi regla es tosca pero funciona: la formación de verano ocupa una franja pequeña y fija, unas horas a la semana, y el resto del tiempo no existe.
Si un curso me obliga a saltarme eso, no es el curso adecuado para julio. Lo apunto para octubre y sigo con mis vacaciones sin mala conciencia.
🎯 Elegir una carencia, no un catálogo
El error que más repetí fue elegir por lo atractivo del título. Ahora elijo al revés: parto de lo que no me salió el curso pasado. Con estas cuatro preguntas me basta:
- ¿Qué sesión preparé y salió mal más de una vez?
- ¿Qué parte del proyecto depende solo de mí porque nadie más sabe hacerla?
- ¿Qué alumnado se me quedó fuera sin que yo supiera cómo entrar?
- ¿Qué explico siempre con las mismas tres palabras porque no sé explicarlo mejor?
De ahí sale una sola prioridad. Una. Si me salen tres, es que todavía no he elegido.
📚 Cuatro formatos que me funcionan en verano
- Jugar yo. Media hora de partidas al día me devuelve la sensación de perder por un descuido tonto. Es la mejor formación en empatía que conozco.
- Leer didáctica, no aperturas. Un libro sobre cómo se aprende me cambia más clases que cualquier manual técnico.
- Ver enseñar a otros. Sesiones grabadas, con el cuaderno al lado, anotando solo las consignas exactas que usa quien está dando la clase.
- Escribir lo que hice. Reconstruir por escrito una unidad del curso pasado revela los huecos mejor que una ponencia.
🧪 Formarse como aprendiz, no como experto
Hay una formación de verano que no aparece en ningún catálogo: aprender algo que no se te da bien. Un instrumento, un idioma, un final de torre que nunca entendiste del todo. Sirve para volver a sentir la incomodidad exacta que sienten en clase quienes van más lentos que el grupo.
Yo lo hago con finales. Elijo un tipo de posición que no domino y me obligo a estudiarla sin ayuda. Al tercer día me acuerdo perfectamente de por qué hay niños que dejan de intentarlo.
🗂️ La regla del producto: nada sin artefacto
Esta es la parte que más me ha cambiado el mes de septiembre. De cada formación tiene que salir algo que se pueda usar en el aula, terminado antes de que empiece el curso:
- Una sesión completa escrita, con materiales y tiempos.
- Una rutina de aula redactada en cuatro líneas.
- Un instrumento de observación listo para imprimir.
- Un guion de cinco minutos para explicar el proyecto a una familia.
Sin artefacto, lo aprendido se evapora en la primera semana de reuniones. Con él, sobrevive a la vorágine de septiembre.
🎯 Para empezar el lunes
Abre un documento en blanco y escribe las tres cosas que no te salieron el curso pasado, sin adornos. Rodea una. Esa es tu formación de este verano; el resto del catálogo puede esperar tranquilamente a octubre.
Formarse en julio no es adelantar trabajo: es elegir mejor el que harás.
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