👨‍👩‍👧 Escuela de familias alrededor del tablero

Cada curso se repite la misma escena en la puerta del colegio. Un padre me para y me dice, medio disculpándose: «yo es que no sé jugar, así que en casa no puedo ayudarle». Lo dice convencido de que hace falta saber jugar para acompañar. Y no hace falta.

De esa conversación repetida nació nuestra escuela de familias alrededor del tablero: cuatro sesiones cortas, en el propio centro, donde las familias no aprenden a jugar al ajedrez, sino a estar cerca mientras su hijo o su hija juega. Cuento cómo la organizamos y qué me ha fallado por el camino.

Familias jugando al ajedrez con sus hijos en una sesión en el colegio

🚪 Qué no es

No es un curso de ajedrez para adultos. Si lo planteas así, vienen cuatro personas: las que ya jugaban antes. Tampoco es una charla sobre las bondades del proyecto, ni una reunión informativa disfrazada de taller.

Es un espacio práctico donde una madre que no distingue el alfil de la torre sale sabiendo qué preguntar cuando su hija pierde, cómo montar una partida de diez minutos sin discutir y por qué no pasa nada si ella nunca llega a aprender.

🗓️ Las cuatro sesiones

Cuarenta y cinco minutos cada una, con los tableros puestos en las mesas desde el primer minuto. Nadie se sienta a escuchar de brazos cruzados.

  • Jugar sin saber jugar. Solo peones, o solo un caballo y un rey. Las familias juegan entre ellas y descubren que se puede disfrutar del tablero con dos reglas.
  • Acompañar sin corregir. Practicamos a observar una partida sin señalar la jugada. Es la sesión más incómoda y la más útil de las cuatro.
  • Perder en casa. Qué decir y qué callar cuando el niño tira las piezas. Trabajamos sobre situaciones reales que traen ellos.
  • La partida de los viernes. Cada familia diseña su propio momento semanal de juego, con hora y sitio. Se lo llevan escrito.

🗣️ Las preguntas que siempre aparecen

Hay tres que salen en todos los grupos, y conviene tener pensada la respuesta:

  • «¿Le dejo ganar?». No siempre, y sobre todo no en secreto. Es mejor igualar la partida quitándose piezas a la vista de todos: así gana de verdad y lo sabe.
  • «Se enfada muchísimo cuando pierde, ¿seguimos?». Sí, pero con partidas más cortas y final pactado. La frustración se entrena en dosis pequeñas.
  • «¿Esto le va a subir las notas?». Aquí soy prudente: puede ayudar, pero lo que hace seguro es darnos un rato compartido donde se piensa y se conversa. Prometer más sería vender humo.

🪑 Detalles que deciden la asistencia

La diferencia entre que vengan doce familias o dos no está en el contenido: está en la logística.

  • Horario doble: una sesión a la salida y la misma repetida a última hora de la tarde.
  • Espacio para hermanos pequeños, con alumnado mayor a cargo del rincón de juego.
  • Convocatoria personal, no circular genérica. Una nota firmada por el tutor o la tutora cambia por completo la respuesta.
  • Nada de listas de asistencia ni de compromisos para todo el curso. Se viene a lo que se puede.

⚖️ Lo que no me funcionó

El primer año monté una sesión única de una hora, con proyector y diapositivas. Vinieron muchas familias y no cambió nada en las casas: escucharon, asintieron y se fueron. Aprendí que si en la sala no hay tableros abiertos, aquello es una conferencia, no una escuela de familias.

Tampoco funcionó grabar las sesiones para quien no podía venir. Lo pedí yo, lo montamos y casi nadie lo vio. Lo que sí funcionó fue mandar a casa una sola idea escrita en tres líneas después de cada encuentro.

🎯 Para empezar el lunes

Convoca una única sesión de cuarenta y cinco minutos, con los tableros puestos y un solo objetivo: que cada familia juegue una partida de peones con su hijo o con su hija. Sin diapositivas.

No hace falta saber jugar para sentarse enfrente.

0 Comentarios

Partida de Ajedrez Dinámica

🏁 AjeBótica: lo aprendido, lo que cambiaría y lo que viene

Esta es la entrada número cincuenta. Cuando publiqué la primera no tenía ningún plan editorial: escribía para ordenar lo que hacía en clase y para no repetir dos veces el mismo error sin enterarme. Un curso después, el blog se ha convertido en la memoria del proyecto, que es un papel que no le había asignado. Toca balance y me interesa que sea honesto. Así que va con las tres partes que de verdad importan: lo aprendido , lo que cambiaría y lo que sigue sin resolverse . ✍️ Lo que me ha enseñado escribir No esperaba esto. Escribir me ha obligado a comprobar. Varias veces me senté a redactar una entrada convencido de una idea, fui a buscar en qué me apoyaba y descubrí que me apoyaba solo en la costumbre. Esas entradas cambiaron de arriba abajo antes de publicarse. La consecuencia práctica es que hablo del proyecto con menos adjetivos que hace un año. Y funciona mejor: cuando cu...