Una alumna acaba de dejar la dama en una casilla donde se la pueden capturar. Lo veo desde el otro lado del aula y siento el mismo impulso de siempre: cruzar la clase y avisarla antes de que suelte la pieza. Durante cursos lo hice. Y durante cursos me pregunté por qué en marzo seguían cometiendo el mismo error de octubre.
Corregir y dar feedback no son lo mismo. Corregir es quitarle el error a quien lo comete; dar feedback es devolverle información para que lo resuelva él. Esta entrada va de cómo he ido sustituyendo lo primero por lo segundo en las sesiones de AjeB贸tica, y de lo incómodo que resulta al principio.
馃┖ Por qué avisar a tiempo no enseña nada
Cuando aviso antes de que suelte la pieza pasan tres cosas: la partida mejora, la alumna no aprende y yo me quedo tranquilo. De las tres, la única que se nota de verdad es la tercera, y es la que menos importa.
El error en el tablero tiene una ventaja enorme sobre el error en una ficha fotocopiada: se paga solo. Si nadie interviene, la propia posición devuelve la información dos jugadas después. Mi trabajo no es adelantarme a esa información, sino asegurarme de que se lee.
⏱️ Tres momentos, tres funciones distintas
No todo el feedback vale en cualquier instante. Reparto el mío en tres momentos y cada uno hace una cosa:
- Durante la partida. Solo si hay bloqueo y no arranca. Una pregunta, nunca una solución, y me voy.
- Justo al terminar. Dos minutos con las piezas todavía en la posición final. Es el momento de mayor rendimiento de toda la sesión y el que más se desaprovecha.
- En la sesión siguiente. Recupero una posición en el tablero mural sin decir de quién era. El error deja de tener dueño y pasa a ser del grupo.
❓ Las preguntas que llevo escritas en el bolsillo
Improvisar buenas preguntas mientras vigilas veinte partidas es imposible, así que llevo cinco escritas en una tarjeta:
- «¿Qué pretendía tu rival con la jugada anterior?»
- «¿Qué pasaría si tu rival pudiera mover dos veces seguidas?»
- «De las jugadas que pensaste, ¿cuál descartaste y por qué?»
- «Enséñame el momento exacto en que la partida se te complicó.»
- «Si volvieras a jugar esa jugada, ¿qué harías distinto?»
Ninguna contiene la respuesta y todas obligan a volver al tablero. Esa es la única condición que les pido.
馃攧 De la información al siguiente paso
Un feedback que no termina en una acción concreta es una conversación agradable y poco más. Por eso cierro cada análisis pidiendo un compromiso de una sola frase, escrito por el alumno en su cuaderno: «la próxima partida compruebo las capturas del rival antes de mover». Y la sesión siguiente empieza leyendo el compromiso anterior en voz baja, cada uno el suyo.
Ahí está lo que hace formativa a una evaluación: no la herramienta ni la plantilla, sino el bucle. Recoger, devolver, decidir, comprobar.
馃毀 Tres cosas que hacía mal
- Dar el feedback al grupo entero. Lo que sirve para todos no le sirve a nadie en particular.
- Hablar más que el alumno. Si en dos minutos hablo yo noventa segundos, eso no es feedback: es una clase magistral en miniatura.
- Empezar siempre por lo positivo. El «muy bien, pero…» lo tienen calado desde primero. Prefiero ir directo a la jugada, con respeto y sin rodeos.
馃幆 Para empezar el lunes
Elige dos parejas y quédate con ellas los dos minutos posteriores al final de su partida. Solo dos preguntas de la lista. No corrijas ni una sola jugada. Vas a comprobar lo difícil que es callarse y lo mucho que rinde hacerlo.
El error ya enseña solo; nosotros estamos para que no pase desapercibido.
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